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escritora

Hoy, seis de la mañana.

"Saramago y yo fuimos a ver la película basada de su ultimo libro. Como yo no soy ninguna celebridad, tuve que sentarme en la segunda  fila, justo detrás de él, a la izquierda.

En la primera escena, un grupo de mujeres entraban en una morgue inundada, el agua les llegaba hasta la cintura y los muertos, sobre las mesas de disección daban la sensación de flotar placidamente. Me acerqué a don José y le toque el hombro:

- ¿en esta historia salgo yo?

Me sonrió de lado.

- sí, tú encuentras el conejo blanco"

Después de esto, como comprenderán, era imposible seguir durmiendo.


Quemad los mapas

A Luis

 

Quemad los mapas,
dejad que el mar decida dónde reposar sus orillas
y que el horizonte vuelva a ser la línea del abismo
Ese día,
volverán los monstruos que habitan los confines,
a animarnos las noches de insomnio

Quemad los mapas,
para encontrar paisajes más allá de Windows,
para mirar de nuevo,
buscar de nuevo,
y calcular de nuevo
Con suerte,
cuando las coordenadas vuelvan a posarse en sus lugares respectivos,
nosotros ya seremos otros

Quemad, de una vez, los mapas,
obligad así a buscar nuevos modos de medir el tiempo y el espacio
Mientras los guardianes de los límites se ponen de acuerdo,
los pirómanos podremos descansar en una playa desierta
Una reserva libre de pronombres personales,
con sustantivos sólidos como cantos rodados

Por favor,
quemad los mapas,
y la curiosidad,
asomará como un calcetín perdido para calentarnos otra vez los pies

Las trapecistas no tenemos novio

no hay amante que resista el momento fatal de sujetarnos la escala y mirarnos desde abajo.
Por mucho que alardeen, ellos prefieren lo fácil.

Nos quieren frágiles y entregadas,
caminando en zapatillas sin levantar ni una partícula de polvo,
                                                              o barriéndola en caso de hacerlo.

Esos tipos entienden la conquista como un combate amañado,
y nunca alcanzarían a comprender lo complejo de tensar los músculos para parecer ingrávida.

A veces,
el suelo nos pesa demasiado y debemos dejar lastre,

por eso,

las trapecistas no tenemos novio.

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Después

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Después de habernos visto tan de cerca
después de haber perdido los papeles
después de buscar paja entre alfileres
y ver que es la honda herida lo que queda

Después de este gritarnos las ofensas
después de este callar lo que más duele
después de este pagar lo que se debe y
después de este sentir como te alejas

Después, sólo después, ya sabes cuando,
por todo lo que digo y que me guardo,
después ya no te pasaré recibo

Que cuando haya purgado este pecado,
no importarás, serás sólo pasado,
lo juro por los versos que te escribo.

Neil Amstong usaba Playtex

“Elegimos ir a la luna no porque sea fácil, sino porque es difícil”

12 de septiembre de 1962

Discurso de J.F. Kennedy en la Universidad de Rice

Cuando Amstrong y Aldrin caminaron sobre la superficie lunar en 1969, llevaban puesto el traje tecnológicamente más avanzado de la historia. El AL7, (A de Apolo, L de látex y 7 por el número de proyecto), fue confeccionado a base de 21 capas de tejidos superpuestos, cosidos puntada a puntada por costureras especialistas en ropa interior femenina.

En una competición contrarreloj por adjudicarse el diseño del traje espacial, la tecnología anatómica de los sujetadores y fajas de nuestras abuelas ganó a toda la industria armamentística.

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De cómo Playtex se hizo con el proyecto al estilo Mad Men

Abram Spanel, fundador de la International Latex Corporation, empezó fabricando fundas para pañales de bebé hechas de látex en los años 20, ahí fue dónde nació el nombre Playtex.

Durante la segunda guerra mundial, el bombardeo de Pearl Harbor y la invasión de Malasia cortaron radicalmente los suministros de látex, sumado a la bajada de demanda debido a la propia guerra, la empresa estuvo al borde de la quiebra.

Las ventas se reanudaron 1946, y para asegurarse el futuro, Spanel creó una división interna de investigación para encontrar aplicaciones a sus productos que fuesen útiles al gobierno y la industria militar.

De esos experimentos nació la propuesta para diseñar el traje del Apolo en 1962.

En plena carrera espacial, la NASA convirtió la confección del traje en una competición principalmente dominada por los grandes contratistas de la industria armamentística, antes de comenzar ya se daba por hecho que sería uno de ellos el ganador.

El equipo Playtex partía con clara desventaja, eran un grupo bizarro formado por señoras costureras de Delaware e ingenieros que diseñaban fajas, todos ellos dirigidos por un señor que había sido mecánico de coches y un director de ventas que antes se dedicaba a reparar televisores . A esto hay que añadir que las otras empresas les triplicaban el presupuesto, solamente que consiguiesen la invitación para participar fue un triunfo casi surrealista.

Durante seis semanas trabajaron 24 horas al día en el diseño del prototipo que competiría en las pruebas de resistencia que la NASA tenía preparadas.

El prototipo, basado en su idea de anatomía, ligereza de los materiales y trabajo artesano superó tan ampliamente a sus dos competidores, que la NASA no tuvo más remedio que tomarlos en serio y adjudicarles el proyecto. Aunque para dejar claro que no se fiaba de ellos, los obligó a trabajar bajo la tutoría de una subcontrata aeroespacial, Hamilton Standard.

Envidiosos de los recién llegados, Hamilton empezó a diseñar su propio traje, el Tiger, y lo presentó a la NASA, resultó ser un fracaso y éstos culparon a Playtex provocando que perdiesen el contrato.

Pero el Apolo seguía necesitando trajes para sus tripulantes, así que la NASA organizó su propia Fashion Week, e invitó de nuevo a presentar prototipos. Así que tres años después de ganar, (y perder), la adjudicación, una docena de antiguos empleados de Playtex se despidieron de Hamilton de un día para otro, al estilo Sterling Cooper, llevándose con ellos todos sus proyectos.

El nuevo prototipo superó 12 de las 22 pruebas a las que fue sometido. En cuanto al resto de los competidores, uno de los trajes explotó, y el otro, tenía los hombros tan anchos que no dejaba a los astronautas salir por la escotilla. Seguramente porque eran empresas armamentísticas, sus diseños eran pesadísimos, centrados únicamente en la protección y no dejaban ninguna libertad de movimiento.

Playtex volvió a ganar, y esta vez llevarían el proyecto solos.

El traje de 21 capas

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Todos los trajes fueron unidos pieza a pieza, por costureras de la línea de montaje de Playtex, en Delaware. 21 capas de tejidos con funciones interrelacionadas, formando una especie de muñeca rusa de tamaño humano.

Tuvieron que ser cosidos sin utilizar alfileres, para no correr el riesgo de agujerear el látex, y el margen permitido para salirse de las costuras marcadas era 1/64 pulgadas, 0.39 milímetros, literalmente la punta de una aguja. Para ello modificaron las máquinas de coser, de modo que cada vez que bajaban el pedal daban una sola puntada.

Alta costura llevada a la máxima expresión tecnológica.

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Un pequeño paso para el hombre

La única razón por la que una empresa de ropa interior femenina hizo los trajes que pisaron la luna es porque nadie pudo impedírselo. En aquellos años resultaba humillante para el orgullo masculino, que el traje del superhéroe estuviese hecho del mismo tejido que el sujetador de su mujer. Y para los propios ingenieros de la NASA admitir que fuese este equipo tan poco ortodoxo quienes consiguiesen la solución más optimizada, sin tener ninguna experiencia aeroespacial, era ridículo.

Así que para evitar que esta información transcendiese, presionaron para que en 1970 la división que trabajaba para ellos se separase de Playtex y adoptase el nombre de ILC Dover, con la que siguen trabajando hoy en día.

En 2010, Nicholas de Monchaux, profesor asociado de la universidad de Berkeley, fue la primera persona en entrevistar a los miembros Playtex para su libro Spacesuits: Fashionating Apollo.

En su conversación con el empleado que representó a la empresa sala de control de la NASA durante el alunizaje, el autor, en un alarde naif, le pregunta cómo fue esa sensación de orgullo de ver en la luna el producto de su trabajo, a lo que el tipo le contesta: ¿Esta usted loco? Yo lo único que pensaba es que vuelva cuanto antes a la cápsula, si algo tiene que ir mal que no sea culpa nuestra ¿se imagina que una costura llega a romperse en directo?

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